jueves, 15 de diciembre de 2011

TEJIENDO REDES Y CONSTRUYENDO CONOCIMIENTO COLECTIVO CON NEUS ALBERTOS. II PARTE

El encuentro de la tarde reunió a mujeres de asociaciones diversas con el fin último de conocer-se para conocer-nos y construir redes de mujeres para poder establecer relaciones de colaboración mutuas, ya que “hay más cosas que nos unen que cosas que nos separan”.

La Asociación de Mujeres de Barruelo, Asociación de Amas de Casa de Aguilar de Campoo, Asociación de Encajeras, Asociación de Mujeres por la Igualdad Tejiendo-Cambios y mujeres que no están asociadas a ninguna corporación, se reunieron en torno a una mesa de presentaciones que tejió inquietudes y vindicaciones en torno a los mandatos de género, la construcción de la identidad, la toma de decisiones y la sorodidad. Neus ofreció un paradigma en el que todas sumemos y en el que a todas se les de valor. Precisamente, como no se da valor al trabajo de las mujeres rurales, ellas dicen que “no saben”. El sistema ha hecho de las mujeres el “divide y vencerás”, aunque “las mujeres cómplices y unidas son peligrosísimas”, apuntaba Neus entre risas. Y precisamente esta es la dificultad de las mujeres, tomar iniciativas y ocupar espacios públicos, ya que parece que esperan a que se les convoque.

Temas para la reflexión…

Las mujeres no tenemos derecho a desear por género. Los mandatos y el “deber ser” anulan el deseo. Hay que considerar que la mayoría de ellos, son por concesión. En el “deber ser” no hay subjetividad, sino identidad de género. El sistema androcéntrico en el que vivimos construye a las mujeres “de fuera a dentro”, desde el “deber ser” en vez de desde el “querer ser”, imposibilitando el desarrollo de su subjetividad, construyendo por tanto la identidad genérica. Por eso se habla de “La Mujer”, en vez de Las Mujeres. Lo que ocurre, es que confundimos el “querer ser” y el “deber ser”. Tomar conciencia del mandato, permite construir el “querer ser”. LAS MUJERES DE HOY EN DÍA TIENEN MÁS DESEOS, MÁS RECURSOS, PERO NO TIENEN LIBERTAD. Las diferentes maniobras o tentáculos del patriarcado utilizan diferentes maniobras de maltrato para mantener el control sobre las mujeres. El mecanismo que hace que se perpetúe el mandato de género es la culpa. Si no haces lo que se espera de ti, surge. El contexto censura a aquellas que se salen del rol marcado. Hombres y mujeres forman parte de este sistema machista. Los hombres a través de la imposición del dominio, deslegitimización e imposición de culpa (“mira cómo estás educando a tu hija”) y las mujeres con sus “motes”: total,… no tiene importancia,… todo eso,…. Es decir, mecanismos de minimización, negación o generalización de sus logros o capacidades.

Sororidad entre mujeres. La fraternidad Ilustrada del siglo XVIII excluía a las mujeres de sus prácticas. De ahí, una propuesta de solidaridad para combatir la misoginia, que parodógicamente también comparten las mujeres. Marcela Lagarde dice que las mujeres lo niegan con afirmaciones tales como “no nos pasará a nosotras”. Sin embargo, la realidad nos dice que todas somos misóginas por haber crecido en ella. Sólo se puede dejar de serlo cuando se reconoce. No se trata de algo frontal, sino que tiene que ver con un proceso simbólico. Nos comportamos de manera misógina cuando dudamos de los logros de otras mujeres (“a saber…”), o cuando aplicamos la duda metódica a cualquier mujer respecto de lo que hace (“pero…”). Una práctica “sórica” pasaría por afirmaciones tipo “me niego a hablar mal de una mujer”. La enemistad de las mujeres dificulta su sororidad. A las mujeres se les educa para la rivalidad entre ellas, de hecho, las primeras prácticas de rivalidad se hacen contra las propias madres, quienes más cuidados y afectos nos profieren. Este fenómeno, no se da entre padres e hijos varones. Negamos la misoginia por la dificultad en aceptar lo desagradable del hecho. Es más, el mecanismo de la culpa de la que hemos hablado antes, salta, y cuestiona el atrevimiento ante el cuestionamiento del sistema. Sin embargo, todas podemos ser reconocidas por todas aunque no nos gustemos. Otra mujer puede tener mi reconocimiento, por el que la considero capaz, valiosa y respetable, aunque no comparta sus opiniones. Postura que nada tiene que ver con la aprobación, la cuál supone una relación de dependencia, juicio, etc. En definitiva, una práctica de dominio. Se propone por tanto, la sororidad sana como mecanismo cómplice de las mujeres (subversión)

Algunas referentes: Rita Levi-Montalcini, Carmen Alborch y Andrea Salomé

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